Hey You
[El protagonista camina cabizbajo por el escenario respirando lentamente, intentando percibir con la mirada cada uno de los detalles y nudos que los desgastados tablones han mostrado durante todo este tiempo... Entonces toma aire y se dirige al respetable...]
Tal noche como hoy de hace 10 años se abrió un telón parecido a este… Quizás más rudimentario, pero con muchísima ilusión puesta en él… También con mucha incertidumbre… Era mi particular auto-regalo de Reyes y quería que fuera el mejor… Como siempre en mí, en busca de lo “imposible”…
Desde aquella noche a la de hoy han pasado muchas cosas: algunas siguieron apareciendo sobre estas tablas, otras han quedado ocultas y sepultadas por el tiempo, esa losa que a veces cura mejor que cualquier ungüento que podáis imaginar… Muchas personas que pasaban por este patio de butacas ya no han vuelto a aparecer… Otras llegarán aquí y ni siquiera sabrán a qué viene todo esto… A ellas, les querría decir que yo a veces tampoco lo sé… Simplemente, esta noche tenía ganas de gritar un rato… De decir, eh tú, qué mierda de vida…
Afortunadamente acaban estas dichosas fechas… Todo debería ser concordia y celebración familiar… Y, sin embargo, para mí han sido de total indiferencia… No he estado solo, pero tampoco creo que hubiera importado a mucha gente… Ya se han dado casos en el pasado, y a mí, sinceramente, tampoco me preocupa ese tema… Cuando uno se da 80 cabezazos contra una pared, el 81 deja de dolerte más que el anterior… Así es como transcurre mi vida desde hace un tiempo… De cabezazo en cabezazo… Con un muro que cada vez se hace más alto y más duro… Que parece que ya no puede superarse… Cuando crees que lo has visto todo, la vida siempre te sorprende con algo que no esperabas… A veces me gustaría que alguien pusiera algo de cordura a todo esto… Pero quien podía ya no está aquí para hacerlo, y los que están, parecen haberla olvidado por completo… ¿Qué pensaría de todo esto?
Lo peor de estos días ha sido ver que el papel que deberían haber cumplido unos ha tenido que ser suplido por otros a quienes no pertocaba… Que las prioridades han sido otras y los damnificados, los de siempre… Que ya ni los cimientos que yo creía firmes lo son, que no se respeta nada… Ni siquiera el día de Reyes… Y yo envolviendo regalos como un perfecto capullo… Esperando otra vez lo “imposible”… Pero son tiempos de otras preferencias… Hay cosas más importantes que hacer… Y así es como todo se va desmoronando… Como un terrón de azucar en un vaso de agua…
Ya lo he dicho antes… Sólo venía a gritar un rato y decir eh tú… Y gracias a los que aún seguís por ahí…
…together we stand, divided we fall…

Death is not the end…
-En esta ciudad, cada día mueren 4 ó 5 personas al día…
Aquel hombre, con la sensibilidad a la altura de la suela de sus elegantes zapatos pasaba de una a otra cuestión del formulario como quien ve el Tour de Francia a la hora de la siesta. Recorrimos metódicamente todos los apartados que el ordenador le iba pidiendo: desde la música hasta los recordatorios, con una frialdad y un asepticismo que helaría a un esquimal. No era precisamente el mismo con el que esta mañana contaba los billetes. Luego llegaría la caja y la urna. El negocio de la muerte merecería un estudio profundo por parte de nuestra sociedad. En la antigüedad se quemaba a los difuntos en una pira, ahora hacemos lo mismo mucho más “civilizadamente”. Te llevan a un cuarto y a través de una ventanita ves el féretro entrando en las llamas, sin humos, sin olores, eso sí, a 600€ el muerto.
Mi abuela se fue el domingo a las 15:30 después de pasar por un pequeño calvario que ha durado casi un mes. Afortunadamente no pasó a más. El corazón se detuvo antes. Porque una persona que ha sufrido lo que la vida le ha deparado (sobre todo en los últimos años) no merecía un final como el que se apuntaba. Os ahorraré los detalles.
La última mañana de domingo que fui a su casa, cuando ya su salud estaba delicada, me sorprendió con una de aquellas historias que destilaba de vez en cuando y que tanto me gustaban. Historias de mi familia, de la que, por parte de mi madre, ya no queda rastro… Me contó que un día mi abuelo, cuando tenía unos 12 años, se subió a un castaño para coger un nido con tal mala fortuna que una de las ramas se quebró y él cayó clavándose la rama traidora en la nalga. Enseguida, gracias a los contactos de mi bisabuelo supongo, le llevaron a un hospital militar en Badajoz, donde le tuvieron unos días bajo el cuidado de las monjas. Ellas, para diferenciar a los enfermos, les ponían un colgante de tela alrededor del cuello con un cordón dorado. Y entonces, como solía hacer, fue a buscar ese colgante y me lo dio. Porque además de unos ojos bonitos y de un gran corazón, también era una verdadera caja de sorpresas y una meticulosa conservadora de objetos y recuerdos de la historia de mi familia. En ese sentido, creo que he seguido sus pasos. El paso del tiempo se hacía evidente en el pequeño colgante acolchado y no había rastro del cordón, pero ella me dio un trozo de hilo dorado comprado con toda probabilidad en la tienda de los chinos que hay cerca de su piso. Porque otro de sus rasgos era la practicidad. Con cualquier tontería era capaz de solucionar el problema más retorcido. Un don del que me queda mucho por aprender.

Se han quedado muchas más historias en el tintero. Como sus vicisitudes llevando el circo ambulante de su familia en plena postguerra, sus aventuras con el cine de verano o cómo era la vida de una verdadera superviviente en un pueblo remoto de Cáceres. Otras tantas sí me fueron contadas, pero mi inútil memoria se ha encargado de perderlas o difuminarlas, como la de aquel tesoro enterrado por un marqués y que luego desapareció por culpa de su codicia. Cuanto daría por poder volver atrás y poner una grabadora todas aquellas mañanas. Ahroa su casa ha quedado llena de mil objetos, que irán ligados a otras miles de historias y que yo, por desgracia, no sabré descifrar. Solo pensar en ello, me consume…
A ella le debo mis primeros libros. Los que siendo un niño me llevaron a conocer a Julio Verne, Robert Louis Stevenson o Conan Doyle. Al menos, me queda el pequeño consuelo de que, hace unos días, llegó a ver mi primer texto publicado en un libro. No es mucho, sólo un mísero tweet. Pero si he ido acumulando durante todo este tiempo las ganas de seguir adelante en el mundo de la escritura, ahora esa ilusión se ha convertido en un compromiso y una promesa a cumplir. Espero que me ayuden desde allí arriba aquellos a quien irá dedicado mi primer libro.

En el corazón del sueño
- Hola. He estado buscando en mi baúl de excusas cuál de ellas sería la mejor para empezar una función que se ha retrasado muchísimo tiempo. He estado pensando días y días, si elegir la de los estudios, la del trabajo, que un diplodocus había arrasado mi desván o si decir que se me quemaba el sofrito cada día a cada hora. Pero al final me he rendido a la evidencia. Porque no creo que sea nuevo para muchos de vosotros si os digo que la realidad y los sueños no suelen llevarse bien. La típica contradicción filosófica del “ocio” y el “negocio”. El primero los deberes y luego los placeres… Suele pasar como el aceite y el agua o como las golosinas y las caries; siempre hay alguno de los dos que acaban ganando la batalla. Y en la mayoría de los casos suele ser el más feo de los contrincantes. Pero aun así, hay que seguir batallando. Porque a veces los sueños, aunque cueste alcanzarlos, pueden llegar a cumplirse…
Cuando hace unos meses Carmen anuncio que tenía ya en la recámara su nuevo libro y comentó sutilmente los detalles, mi interés por tenerlo en mis manos creció exponencialmente al secretismo de su temática. Estaba deseando que llegara esa fecha para descubrir cómo iba a ser ese cambio de público objetivo y de temática, y empecé a barajar varias posibilidades en cuanto a su argumento. Más tarde aparecieron los tres primeros capítulos. Y ya con ese aliciente, no dudé ni un segundo en participar en el concurso que Carmen anunció, con tal suerte que me llevé el ejemplar.

El libro es de los que te conquistan ya con la portada. Si algún día escribiera una novela, me gustaría que tuviera una edición tan bonita como esta, con sus reflejos satinados en el negro mate… :) Pero, ¿de qué trata En el corazón del sueño? No voy a ser yo quien lo desvele, lo siento… Pero aquí tenéis la pincelada que aparece en la contraportada:
“Cuando está despierta, Celeste no sabe cuál es su sitio. Cuando está dormida, Celeste crea y destruye reinos, mares y mundos con un solo pensamiento. Y sueña con Él. Ahora, una pesadilla barre los sueños de toda la ciudad. Para eliminarla, Celeste y sus amigos tendrán que llegar hasta su corazón. Y al hacerlo, Celeste se dará cuenta de que el muro que separa la realidad y los sueños no es tan sólido como ella pensaba. De que, como en un sueño, se le puede deshacer entre los dedos…”
Como veréis, la idea atrae ya a primera vista. En mi caso concreto, porque la temática onírica es una de mis preferidas. Pero lo cierto es que si empezáis a leer los capítulos publicados online y llegáis al final del primero (para mí un inicio rotundo y magistral)…
…os asaltarán imágenes tan apasionantes como la perteneciente al final de la película El Club de la Lucha… La destrucción de un mundo al otro lado de un cristal…

Fue una imagen que inmediatamente se dibujó en mi mente y que me pareció un retrato perfecto de la historia en ese punto. Y siguiendo con el ejercicio, en ese momento, si estuviéramos hablando de una futura adaptación cinematográfica, (porque ¿quién dice que no pueda serlo?) aparecerían las imágenes de edificios cayendo y cristales estallando en mil astillas con unos títulos de crédito que tendrían esta banda sonora.
Después de tomarme estas dos licencias para contaros mis primeras sensaciones con el libro en las manos no sería necesario añadir demasiados detalles para acabar de llevaros a su telaraña. Pero sí creo que debo destacar ciertos aspectos de la novela que merecen tener su reconocimiento. Primero el trabajo minucioso que Carmen ha realizado con las descripciones tanto físicas (porque me encantan los detalles de las cosas que suelen ser insignificantes en la mayoría de historias pero que Carmen devuelve al sitio que les corresponden) como emocionales (porque es una novela en la que se siente a los personajes casi antes de percibirlos con los sentidos). Además se puede comprobar el ENORME trabajo de documentación que hay detrás de toda la teoría de los sueños (aunque quizás, y si se me permite, la única crítica que haría en este apartado es que se trata de justificar absolutamente todo, cuando al tratarse de una obra fantástica quizás hubiera que dejar algo de paso a lo desconocido, a lo sorprendente, a lo que se escapa de la Ciencia). Pero si de sorpresas hablamos, esta novela os reserva unas cuantas, con unos giros totalmente inesperados que os van a quitar el sueño (lo siento) y os va a hacer perder la noción de lo que es realidad y lo que es ensoñación. Todo ello aderezado con algunos de los tintes “detectivescos” a los que nos tiene acostumbrados “la Pacheco” en sus otras obras (porque poco a poco se ha hecho un hueco con su nombre en los estantes de nuestras librerías) y mucha tensión y acción, en algunos momentos, hasta hacer perder el aliento al mismísimo lector. La novela está escrita de forma muy inteligente y lleva al lector por los derroteros que quiere con un ritmo trepidante y una inmersión total en lo onírico. En definitiva, os espera un libro muy original que cambiará y ampliará vuestra perspectiva del mundo de los sueños…
La vida es sueño, y los sueños, sueños son… Pero a veces los sueños se hacen realidad, ¿no?

El blog de Carmen Pacheco
Curiosidades sobre el libro
Página del libro en la editorial
El blog de Celeste, (que puedo aseguraros que estaba bien escondido)
La banda sonora de En el corazón del sueño
“from a great height…”
- Y entonces se desempolva todo y se salta al escenario a hacer este tipo de cosas…
Y luego se saluda a un tal ivan por los servicios prestados… Y por ayudar a que este escenario vuelva otra vez a estar en pie… Aunque necesite urgentemente unos retoques…
Filed under new truths | Comments (2)Bye, Michael

- Nunca fue de este mundo… Incluso por un tiempo estuvo mal visto decir algo en su favor… Pero por desgracia se ha ido, y NO va a haber nadie que pueda igualar lo que llegó a hacer… Ahora ya puede descansar en paz…
P.D.: Es una pena que mi cadena ya no funcione, porque he estado te tado de poner de nuevo aquel cassete de Bad que se cayó en el cubo de lejia y ver si todavía suena después de tanto tiempo… :)

The Greatest
- Esta madrugada se ha ido “el grandullón”… M. “el del cine”… El que nos animaba las Navidades con su trompeta y sus películas proyectadas contra la pared blanca… El que siempre tenía palabras sabias para nosotros… Con aquella voz de señor grande… Le echaré mucho de menos…

Goin’ Back
- En lo que llevamos de año estoy inmerso en un ejercicio que, afortunadamente y por el bien de mis cervicales, no es literal… Vivo con la mirada puesta atrás… Me paso cada instante pensando en las cosas que han sucedido en mi pasado reciente, en elecciones hechas ya, en cómo serían estos momentos si por ejemplo estuviera mi madre, o si hubiera conseguido que las cosas fueran diferentes si hubiera sido mejor… Miles de pensamientos al día, arrepentimientos y recuerdos…
No será una novedad para vosotros si os digo que me gusta y respeto el pasado… Si os digo que hasta me cuesta mover una silla de sitio si sé que esa silla la puso alguien que ya no está, os podéis imaginar que mi afán por dominar mi pasado va rozando lo enfermizo… Pero es algo a lo que te aferras cuando sabes que algunas de aquellas cosas no se van a volver a repetir nunca más…
Hoy he conseguido algo que alimenta aún más mis ansias de pasado…

No ha sido un día especialmente bueno, y además he tenido un asqueroso dolor de cabeza que aún me tiene bajo de reflejos… Supongo que tengo que dormir más… Esta noche me lo voy a tomar en serio… Pero ver algunas de las cosas que he visto me han ilusionado (también entristecido)… Al menos, las tengo de esta forma… Y a eso me aferro…
Remember Me
[El escenario resulta distinto al de las últimas actuaciones... Unas barandillas ocupan el fondo de lado a lado, mientras que el suelo aparece pavimentado y pintado con líneas circulares y rectas de color blanco y amarillo, algo que sorprende al público de las primeras filas, acostumbrado a las polvorientas y carcomidas tablas que siempre lo han cruzado...
El protagonista entra a escena por uno de los laterales y da inicio a la función de esta noche...]
- Era más o menos así… Un patio no muy sofisticado, pero sí grande, acorde con el resto del colegio… Nuestro rincón era justo este, en el campo de balonmano que había al bajar la plataforma y las escaleras, y justo al lado de los lavabos de tíos… Quizás podríamos haber buscado un sitio mejor, pero lo de jugar a canicas y al trompo ya había quedado atrás hacía muchos años, y tampoco éramos de los que nos juntábamos con las chicas para ligotear… Simplemente íbamos a lo nuestro… En total éramos unos cinco o seis si mal no recuerdo, así que era relativamente fácil encontrar sitio en la baranda para sentarnos unos cuantos, y el resto esperábamos de pie a que sonara el timbre para volver a clase…
No recuerdo exactamente cómo empezó la conversación… Supongo que debió ser algo del estilo “¿Qué vais a hacer cuando seáis mayores?” o algo por el estilo… El caso es que M. dijo totalmente convencido que iba a ser arquitecto… Yo, que ya había dejado atrás la época de querer ser astronauta y acababa de guardar mi látigo de arqueólogo en la percha pensé para mis adentros que no parecía una profesión demasiado enriquecedora, así que le pregunté porque quería serlo… Y entonces él me contestó: “Porque quiero que cuando me muera quede algo de mí para que la gente me recuerde…”
Como podéis imaginar, me quedé con una cara de pasta de boniato bastante importante… No es que me sorprendiera la profundidad de la conversación, porque no solíamos dedicarnos a hablar de temas banales, como el partido de los de la “selec”, o las chicas (de nuevo), o lo último en discotecas… Aún recuerdo mi exposición sobre la creencia en los horóscopos y como les convencí justificando que si estamos compuestos por un 65% de agua (nuestro cerebro lo está en un 90%) y el mar se alteraba con la proximidad de la Luna generándose las mareas, no era de extrañar que los planetas alteraran de alguna forma nuestra personalidad… Fue un éxito… Aún no entiendo como no pusieron una baldosa con mi nombre en el patio por aquella disertación…
[El protagonista se frota los nudillos en el pecho y prosigue...]
El caso es que aquel comentario de M. se quedó grabado en mi retina de los pensamientos (algo de eso tiene que haber) con letras de fuego… Y muchas veces he pensado en aquellas palabras como algo a lo que aspirar… Ser recordado por algo que hayas hecho debe ser de las pocas cosas de las que uno puede sentir orgullo y satisfacción… Conseguir una meta, subir tu Everest y que quede allí para que todo el mundo vea hasta donde llegaste… Enseguida te asaltan los tópicos que forman “la trilogía del sentido de la vida”: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro… Supongo que en lo último debo estar algo más cerca que en los dos primeros casos, aunque lo del árbol es algo que me lleva tentando también desde hace un tiempo y algún intento sí he llegado a hacer…
Pero ese es mi problema… Quizás sea cosa de la edad, pero debo reconocer que mi sensación de mediocridad se ha acrecentado en los últimos tiempos… Me siento estancado, anquilosado, como si me hubieran congelado en un arcón y se me hubieran quedado los brazos atrofiados y sin solución… Todo el mundo avanza en sus vidas, consigue sus objetivos, hace grandes cosas, y yo aquí, aguantando velas y recogiéndolas con los vendavales… Y no es precisamente envidia lo que me inspira, sino una especie de “enfado” conmigo mismo, una sensación de estar perdiendo el tiempo tontamente… Algo que nunca me había importado, porque siempre había confiado en mí y en mi potencial, se ha convertido en una especie de lacra que arrastro en los últimos años y que sufro más o menos en silencio, como las erupciones cutáneas incordiantes…
Invierto cada minuto libre de mi vida en la felicidad de los otros en lugar de en la mía propia y mi crecimiento interior, y eso es algo que muchas veces satisface aunque no se busque nada a cambio, pero otras no llega a compensar y llega a frustrar, como cuando tú has puesto todo lo que has podido de tu parte pero tu obra no parece cumplir las expectativas… Y poco a poco va creciendo la gangrena de la vulgaridad, un “yo” cuyo papel no me gusta, el vacío, una habitación de hotel en una ciudad que no es la tuya…

Si ya lo decía yo, que siendo astronauta iba a tener menos problemas… Pero lo peor de todo es que creo que debo seguir intentándolo… Soy así de contradictorio… No me sentiría bien conmigo mismo si no lo hiciera… Prefiero sacrificarme…
[El actor principal se toma un respiro y aprovecha para subirse a la barandilla y sentarse en ella...]
Entonces, ¿dónde está mi obra magna? ¿Aquella por la que debería ser recordado para la Posteridad? Pues aquí la tenéis… En carne y hueso, nunca mejor dicho… No es que esté muy orgulloso de su parte externa, pero sí lo estoy de lo que no se puede ver a simple vista… Labro mi vida y espero recoger algún fruto de vez en cuando… Con que no se me pudran todos tengo bastante… Porque he llegado a la conclusión de que la mejor forma que existe de que te recuerden es por tus obras, pero no por las tangibles, sino por aquellas que no se ven en museos, al lado de cuadros carísimos… E.T. hizo mucho daño a los de mi generación con lo de “sed buenos”…
Así que cuando alguna vez venga a vuestra mente mi persona, no vayáis a vuestra librería más cercana, o busquéis algún árbol de forma amorfa… Simplemente acordaos de aquel que decía sus tonterías sobre un escenario que existe y no existe… Y recordad que lo mejor que pudo hacer para la Posteridad fue intentar ser lo mejor que pudo ser; quizás su vida terminó siendo insignificante y no deje huella en ningún sitio, pero al menos él intentó que fuera digna del Taj Mahal… Y se sintió muy orgulloso de intentarlo…
Lo último que supe de M. es que finalmente hizo Arquitectura, la acabó, y llegó a construir alguno de esos bloques de pisos que ahora cuestan tanto vender… Él ya ha visto cumplido su sueño, ahora me toca a mí seguir cumpliendo el mío…

[Y suena el timbre, y el protagonista salta de la baranda y se retira recogiendo una libreta roja de una mesita cercana... Empieza la clase...]
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